En la Fundación Pies Descalzos creemos que una escuela bien construida puede cambiar el destino de una comunidad entera. Por eso, cuando hablamos de infraestructura educativa, no nos referimos únicamente a levantar edificaciones, sino a crear espacios dignos, pertinentes y sostenibles que respondan a las realidades del territorio y a las necesidades de quienes lo habitan.
En la Fundación Pies Descalzos creemos que una escuela bien construida puede cambiar el destino de una comunidad entera. Por eso, cuando hablamos de infraestructura educativa, no nos referimos únicamente a levantar edificaciones, sino a crear espacios dignos, pertinentes y sostenibles que respondan a las realidades del territorio y a las necesidades de quienes lo habitan.
Nuestro modelo de construcción parte de una convicción clara: la calidad educativa también se construye. Y se construye escuchando, dialogando y trabajando junto a las comunidades, entendiendo su contexto social, cultural, climático y pedagógico. Cada colegio es el resultado de un proceso colectivo que busca garantizar bienestar, identidad y oportunidades para niñas, niños y jóvenes.
Antes de iniciar cualquier obra, la Fundación Pies Descalzos realiza un diagnóstico comunitario profundo. Este primer paso es clave para comprender las dinámicas locales, los desafíos del entorno y las expectativas de la comunidad educativa. No se trata de replicar un modelo estándar, sino de diseñar soluciones ajustadas a cada contexto.
El diseño arquitectónico de nuestros colegios integra criterios pedagógicos, ambientales y culturales. Las aulas, los espacios comunes y las zonas de recreación se piensan como escenarios que favorecen el aprendizaje, la convivencia y el desarrollo integral. La arquitectura se convierte así en una aliada del proceso educativo.
Un elemento central del modelo es la participación comunitaria. Cerca del 80% de las personas contratadas durante la construcción pertenecen a la comunidad o al territorio donde se desarrolla el proyecto. Esta decisión no solo fortalece la economía local, sino que genera apropiación, sentido de pertenencia y cuidado por la escuela como un bien común.
Las condiciones climáticas y geográficas de regiones como La Guajira, el Caribe colombiano o zonas rurales del país exigen soluciones arquitectónicas específicas. Por eso, la Fundación prioriza el uso de materiales locales y técnicas costo-eficientes que respetan el entorno y responden a las necesidades reales de las comunidades.
Los colegios cuentan con ventilación cruzada, techos de doble altura y entrada de luz natural, lo que permite mantener temperaturas adecuadas en las aulas y reducir el consumo energético. En algunos territorios, los diseños incorporan elementos inspirados en saberes ancestrales, como los tejidos tradicionales wayuu, integrando la identidad cultural en el corazón de la infraestructura.
Estos espacios no solo ofrecen confort térmico y funcionalidad, sino que envían un mensaje poderoso: las niñas y los niños de los territorios más vulnerables también merecen escuelas dignas, bellas y pensadas para su bienestar.
El modelo de construcción de la Fundación Pies Descalzos no termina con la entrega del colegio. Cada proyecto incluye un acompañamiento posterior de entre dos y tres años en temas de infraestructura, asegurando el adecuado uso, mantenimiento y sostenibilidad de los espacios.
En la mayoría de los casos, este proceso se amplía hacia el fortalecimiento pedagógico e institucional. La Fundación acompaña a las comunidades educativas en la construcción y actualización del Proyecto Educativo Institucional (PEI), así como en la implementación de estrategias que contribuyan a la calidad y permanencia escolar.
De esta manera, la infraestructura se articula con los procesos educativos y comunitarios, garantizando que el colegio no sea solo un edificio, sino un espacio vivo, capaz de adaptarse y crecer junto a su comunidad.
La construcción del colegio en Tibú, Norte de Santander, es un ejemplo representativo de este modelo. Ubicado en una región históricamente afectada por el conflicto armado y la desigualdad, el proyecto fue diseñado desde la pertinencia territorial y el diálogo con la comunidad.
Más allá de su impacto mediático, esta escuela representa una apuesta por la educación como motor de transformación en contextos complejos. Su diseño, construcción y acompañamiento reflejan la visión de la Fundación: crear entornos seguros y dignos que permitan a los estudiantes proyectarse hacia un futuro con más oportunidades.
Cada colegio construido por la Fundación Pies Descalzos es una declaración de compromiso con la equidad, la calidad educativa y el desarrollo de los territorios. Nuestro modelo demuestra que la infraestructura educativa puede y debe ser un factor de transformación social cuando se piensa desde las personas y para las personas.
Al integrar participación comunitaria, diseño pedagógico, sostenibilidad ambiental y acompañamiento a largo plazo, la Fundación consolida un enfoque que va más allá de la construcción física. Se trata de edificar confianza, fortalecer capacidades locales y crear espacios donde aprender sea una experiencia digna y significativa.
Porque creemos que la educación de calidad comienza por el entorno en el que se aprende, y que cada ladrillo colocado con sentido social es una inversión en el presente y el futuro de Colombia.