La educación emocional en Colombia es clave para el bienestar, la permanencia escolar y el aprendizaje. Conoce el enfoque de la Fundación Pies Descalzos.
En Colombia, hablar de calidad educativa implica mucho más que resultados académicos. En contextos atravesados por la desigualdad, la violencia, el desplazamiento y la pobreza, la educación emocional se convierte en una condición indispensable para que el aprendizaje ocurra. Por eso, la decisión de incorporar la educación emocional como materia obligatoria en el país representa una oportunidad histórica para fortalecer la escuela como espacio de cuidado, bienestar y transformación social.
Desde la Fundación Pies Descalzos, celebramos esta apuesta y la entendemos como un paso necesario para responder a las realidades que viven miles de niñas, niños y jóvenes en la educación pública.
La educación emocional permite que los estudiantes reconozcan, comprendan y gestionen sus emociones, desarrollen empatía, fortalezcan su autoestima y aprendan a relacionarse de manera sana con los demás. Estas habilidades no solo impactan el bienestar individual, sino que están directamente relacionadas con la permanencia escolar, la convivencia y los procesos de aprendizaje.
En contextos comunitarios complejos —como aquellos donde trabaja la Fundación Pies Descalzos— muchos estudiantes llegan a la escuela cargando experiencias de duelo, violencia, inseguridad o abandono. Ignorar esta realidad emocional es cerrar la puerta al aprendizaje. Validar las emociones no distrae del aprendizaje: lo hace posible.
Diversos estudios han demostrado que los programas de educación socioemocional mejoran el clima escolar, reducen la deserción y fortalecen el desempeño académico, especialmente en poblaciones vulnerables.
La postura de la Fundación Pies Descalzos frente a la educación emocional no nace de una tendencia, sino de la experiencia directa en los territorios. A lo largo de más de dos décadas de trabajo en educación pública, hemos comprobado que no hay aprendizaje significativo sin bienestar emocional.
Por eso, en los proyectos que desarrollamos siempre incorporamos un enfoque de acompañamiento psicosocial, entendido como un proceso continuo que involucra no solo a los estudiantes, sino también a docentes y familias.
Programas como Conectando Emociones, Centro Aprende y Familia Aprende han permitido fortalecer habilidades socioemocionales, mejorar la convivencia escolar y generar espacios seguros de diálogo, escucha y contención emocional dentro y fuera del aula.
En la Fundación Pies Descalzos entendemos que la escuela no puede asumir sola el reto de la educación emocional. La familia es el primer espacio donde se aprenden —o no— la comunicación asertiva, el manejo de emociones y la resolución de conflictos.
Por eso, nuestros procesos de acompañamiento incluyen a madres, padres y cuidadores, brindándoles herramientas para fortalecer vínculos, promover el diálogo y acompañar de manera más consciente el desarrollo emocional de niñas, niños y jóvenes.
Cuando la escuela y la familia trabajan juntas, la educación emocional deja de ser una materia aislada y se convierte en una práctica cotidiana.
Otro pilar fundamental es la formación docente. No se puede enseñar lo que no se ha trabajado primero a nivel personal. Por eso, los programas de la Fundación incluyen espacios de formación y acompañamiento a docentes, enfocados en:
Fortalecer el bienestar emocional de los docentes es clave para mejorar la calidad educativa y garantizar procesos pedagógicos sostenibles.
Incorporar la educación emocional como materia obligatoria es también una estrategia para reducir brechas educativas. Los estudiantes que cuentan con herramientas para gestionar sus emociones tienen mayores probabilidades de permanecer en el sistema educativo, construir proyectos de vida y relacionarse de manera positiva con su entorno.
Desde la Fundación Pies Descalzos creemos que esta decisión debe implementarse con enfoque territorial, recursos adecuados y acompañamiento a las comunidades educativas. No se trata solo de incluir un contenido en el currículo, sino de transformar la forma en que entendemos la educación.
La educación emocional no reemplaza el aprendizaje académico: lo potencia. En un país como Colombia, donde las desigualdades estructurales siguen marcando la vida de millones de estudiantes, apostar por el bienestar emocional es apostar por una educación más justa, pertinente y humana.
Desde la Fundación Pies Descalzos seguiremos trabajando para que la escuela sea un espacio donde niñas, niños y jóvenes no solo aprendan matemáticas o lenguaje, sino también a conocerse, expresarse, cuidarse y convivir.
Porque educar también es acompañar, escuchar y sanar.