La educación terciaria en Colombia es fundamental para la movilidad social y el proyecto de vida. Conoce el enfoque de la Fundación Pies Descalzos.
En Colombia, terminar el colegio sigue siendo un logro significativo, pero no siempre suficiente para romper los ciclos de desigualdad. Para miles de jóvenes, especialmente en contextos vulnerables, el acceso a la educación terciaria —técnica, tecnológica o universitaria— marca la diferencia entre limitarse a sobrevivir o contar con verdaderas oportunidades para transformar su futuro.
La educación terciaria no solo mejora las posibilidades de inserción laboral; también fortalece habilidades para la vida, amplía la capacidad de tomar decisiones informadas y contribuye al desarrollo social y económico de los territorios. Sin embargo, el acceso a este nivel educativo sigue siendo desigual, condicionado por factores económicos, sociales y educativos que comienzan mucho antes de la graduación escolar.
Hablar de educación terciaria es hablar de movilidad social, de autonomía y de dignidad. Los jóvenes que logran continuar su formación después del colegio tienen mayores probabilidades de acceder a empleos formales, mejorar sus ingresos y participar activamente en la construcción de sus comunidades.
En un país donde las brechas educativas se profundizan según el lugar de origen, la calidad de la educación básica y media es determinante. Cuando la escuela logra ofrecer aprendizajes significativos, acompañamiento emocional y orientación vocacional, la educación terciaria deja de percibirse como un sueño lejano y se convierte en una meta alcanzable.
Además, es fundamental reconocer que no existe una única ruta válida. La educación técnica y tecnológica representa una alternativa valiosa y pertinente para muchos jóvenes, permitiéndoles una inserción laboral más rápida y la posibilidad de continuar formándose a lo largo de su vida.
La decisión de continuar estudiando no se toma en el último año de colegio. Se construye a lo largo de toda la trayectoria educativa, a partir de experiencias escolares que refuercen la confianza, el sentido de pertenencia y la motivación por aprender.
En los colegios acompañados por la Fundación Pies Descalzos, esta visión se traduce en una apuesta integral por la calidad educativa. Desde la infancia, niñas, niños y jóvenes encuentran entornos de aprendizaje seguros y estimulantes, con infraestructura adecuada, docentes fortalecidos y un acompañamiento constante que reconoce tanto las dimensiones académicas como las socioemocionales del desarrollo.
Este enfoque permite que los estudiantes no solo permanezcan en el sistema educativo, sino que se proyecten hacia el futuro con mayor claridad. La escuela se convierte así en un espacio donde imaginar lo que viene después es posible y legítimo.
El impacto de este trabajo se evidencia en las trayectorias de los egresados. Entre el 70% y el 80% de los estudiantes que se gradúan de los colegios acompañados por la Fundación Pies Descalzos continúan su formación en programas de educación terciaria. Hoy, muchos de ellos son técnicos, tecnólogos y profesionales en áreas como medicina, derecho, ingeniería, administración y educación.
Más allá de las cifras, estos jóvenes se convierten en referentes positivos para sus familias y comunidades, demostrando que la educación puede ser un motor real de transformación social. Cada historia refleja cómo una base educativa sólida amplía horizontes y multiplica oportunidades.
Garantizar el acceso a la educación terciaria implica reconocer la diversidad de intereses, contextos y proyectos de vida de los jóvenes. No todos transitan el mismo camino ni al mismo ritmo, y todas las rutas formativas tienen valor cuando responden a las aspiraciones y capacidades de cada estudiante.
Desde esta perspectiva, la Fundación Pies Descalzos promueve una mirada amplia sobre la continuidad educativa, en la que la educación técnica, tecnológica y universitaria son opciones complementarias, no excluyentes. Lo importante es que cada joven cuente con las herramientas necesarias para elegir con libertad y construir su propio proyecto de vida.
De cara al futuro, la Fundación proyecta fortalecer este impacto mediante alianzas estratégicas con instituciones de educación superior, programas de formación técnica y tecnológica y actores del sector público y privado, con el propósito de seguir ampliando las oportunidades educativas para sus egresados.
Garantizar el acceso a la educación terciaria es, en esencia, garantizar que más jóvenes puedan elegir. Elegir continuar aprendiendo, elegir ampliar sus oportunidades y elegir construir proyectos de vida con mayor autonomía y dignidad. En un país como Colombia, donde las brechas educativas siguen marcando el destino de miles de jóvenes, fortalecer estas trayectorias no es un lujo: es una necesidad.
La experiencia demuestra que cuando la educación básica y media se vive con calidad, sentido y acompañamiento, la transición hacia la educación técnica, tecnológica o universitaria se vuelve una posibilidad real. No se trata únicamente de llegar a la graduación, sino de hacerlo con herramientas académicas, socioemocionales y personales que permitan mirar el futuro con confianza.
Desde esta convicción, la Fundación Pies Descalzos trabaja para que cada niña, niño y joven tenga acceso a una educación que amplíe horizontes y abra caminos. Una educación que reconoce las distintas formas de aprender, las múltiples rutas formativas y el valor de cada decisión que los estudiantes toman para su vida.
Apostar por la educación terciaria es apostar por el desarrollo individual y colectivo. Es invertir en jóvenes que, con oportunidades reales, pueden transformar sus comunidades, fortalecer el tejido social y aportar al desarrollo del país. Porque cuando la educación es continua, pertinente y de calidad, las oportunidades dejan de ser una excepción y se convierten en una posibilidad compartida.